Érase una vez un hombre que siempre estaba triste

Érase una vez un hombre que siempre estaba triste

  • Relatos cortos
  • 2 capítulos

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Comentarios 8

Para mi la escritura es algo visceral. No hay alturas. Y la calidad depende siempre del punto de vista del lector y sus circunstancias. Escribir...

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Descripción

Odio y soledad

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  • Miguel Muñoz Martinez

    Miguel Muñoz Martinez - jueves, 29 de diciembre de 2016

    Me ha gustado. Muy duro y directo, como un gancho de izquierda.

  • manuel alcalá

    manuel alcalá - jueves, 1 de diciembre de 2016

    Me ha encantado: claro, duro y directo como la propia vida, sobre todo el giro final de la historia. Enhorabuena. Saludos.

  • F M

    F M - sábado, 29 de octubre de 2016

    esta bien este relato. debes seguir trabajando en el para que sea mejor.

  • Jorge Clot Beltrán

    Jorge Clot Beltrán - viernes, 30 de septiembre de 2016

    Plas, plas, plas ostras que bueno Saludos

  • María José López González

    María José López González - sábado, 17 de septiembre de 2016

    Me gustó mucho, tenes una nueva fan.

  • Vlad L Septem

    Vlad L Septem - domingo, 14 de agosto de 2016

    Me ha gusto mucho. Me recuerda un poco a Chéjov, pero con más sentimiento.

  • Alberto Cubeíro

    RE:

    Alberto Cubeíro - domingo, 28 de agosto de 2016

    Vlad L Septem Que te recuerde aunque sea muy vagamente a Chéjov hace que lea mi propio texto con más detenimiento. Sabes animar aunque se que no era tu propósito. Muchas gracias por tu tiempo

  • Vlad L Septem

    RE: RE:

    Vlad L Septem - martes, 30 de agosto de 2016

    Pues la verdad no era mi intención animarte, qué bueno que lo he hecho. Yo no estudié letras ni filosofía, no conozco técnicas ni estructuras en la literatura—por eso me apena hablar de estos temas, que no entiendo más que como placer—. Pero la forma breve, dinámica y realista de tu escrito me lo recordó, aunque él me parece que escribía más como cronista que como cuentista-novelista. En varios escritos tuyos sentí esto, pero más especialmente en este: esa similitud a Chéjov, pero en éste como si hubiera una dirección e intención entera de deslizarse lenta y discretamente, para después saltar y dar una apuñalada al alma con ese realismo. Similar a la música de Beethoven, que usa los contrastes entre lo alegre y hermoso, con lo triste y doloroso para mantener a uno tenso siempre, levantándolo en lo alto para azotarlo más fuerte contra el piso. Y ese golpe contra el suelo y el realismo fue lo que más disfruté, especialmente ese final.

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