Nuestras vivencias nos afectan y nos moldean, afectando a futuras decisiones. La ficción imita la realidad –por mucho que tratemos de esconder esa imitación-, y nuestros personajes también estarán fuertemente influidos por sus experiencias vitales.
Con el objetivo de caracterizar bien a un personaje, los escritores debemos meternos en su piel, de una forma no muy distinta a la que los actores utilizan en métodos como el de Stanislavski, convirtiéndonos prácticamente en él.
“Por ello es vital inventarle un pasado, darle rasgos físicos, espirituales: cuándo conoció el sexo por primera vez, su relación desde la infancia con los padres, con sus amigos,...
Cuando nos ponemos a escribir hacemos algo que los seres humanos llevamos haciendo durante al menos 3.500 años. Muchas han sido las ideas que se han plasmado en un papel durante este tiempo.
Los grandes literatos de la historia de la literatura nos llevan, es posible que ya hayan escrito un gran número de las ideas que se nos puedan llegar a ocurrir. Además, los lectores –para bien o para mal- tienen un amplísimo bagaje literario y recursos narrativos, por lo que reconocen fácilmente todo aquello que se repite.
Escribamos por afición o porque tenemos intención de publicar, siempre buscaremos la originalidad...
Todo personaje tiene su cueva. Nuestro entorno nos influye y, a la vez, nosotros lo hacemos sobre él. Sí, nuestro personaje y su ambiente también están íntimamente relacionados, porque tiene vida, porque como escritores les damos vida.
Los escritores tenemos en el espacio de un personaje una potente herramienta para describirlo y para que nuestros lectores lo entiendan de forma más profunda, o también puede tomar protagonismo, y ser el escenario quien moldee a los personajes. El límite es nuestra imaginación. Y, bien, a la hora de escribir una novela, es uno de los puntos clave para conseguir verosimilitud.
Describir a un...
Ya tenemos una novela pensada de principio a fin. Hemos creado un mundo, tenemos una trama atractiva y un personaje interesante que va evolucionando a medida que dicha trama avanza. Tenemos puntos de giro y un tono que enganchará al lector. Ahora nos toca estructurar todo eso y surgen las preguntas: ¿cómo debemos dividir los capítulos? ¿Cuántos debe tener nuestra novela y qué extensión debe tener cada capítulo?
Lo primero que debemos tener en cuenta es que no existe una respuesta concreta a estas preguntas y que todo depende de las necesidades de nuestro libro. La respuesta corta sería “depende de...